Con ganas de componer un aura de magia y encanto, la arquitecta investigó ejemplos de refugios naturales acogedores, como cuevas y nidos. Además, adoptó principios de la arquitectura biomimética y asoció características del brutalismo a aspectos lúdicos, concretados en paredes irregulares, similares a las de una gruta, que sirven como fondo para objetos y muebles coloridos. Todo esto resultó en un projects de 23 m2 estimulante y cómodo para el desarrollo. Guiada por tonos claros, la decoración incluye piezas artesanales y formas orgánicas. "La idea es que el bebé descubra y explore gradualmente las bellezas de la vida fuera del útero", dice.