Este año, Anita Fernández rescató saberes ancestrales de algunos pueblos originarios de Bolivia; su hilo conductor fueron las plantas tintóreas. Las aplicó en artículos de la Terraza de Bienvenida, su espacio asignado en la muestra. Es una especie de invernadero, con el encanto de plantas nativas de la región. El tapiz del sofá está hecho con garabatá, una fibra vegetal que teje el pueblo ayoreo en la comunidad de Tobité. Por otro lado, expone una alfombra hecha por indígenas de cuatro comunidades quechuas y aimaras; es de lana de alpaca y está teñida con hojas de coca. El sitio rinde homenaje a estudiosos de la flora, como Noel Kempff y Elvira Espejo, y hace un recuento de los bosques protegidos.