Concebido para proporcionar la sensación de un abrazo de la naturaleza, la arquitecta Paloma Amorim utiliza estrategias de la neurociencia aplicada a la arquitectura para promover el bienestar. La paleta de colores destaca el verde y tonos terracota, con piedras naturales y formas orgánicas. Los círculos se repiten en candelabros y mesas, evocando alegría. El área "reunión en el jardín" simula el exterior con luz natural, pérgolas y plantas. Elementos preservados, tejas centenarias y una curaduría de arte local refuerzan la conexión cultural y crean un espacio memorable.