Utilizando el símbolo del infinito para diseñar las formas del proyecto, los arquitectos crearon cabañas curvas. La propuesta es traer a la exposición la calidez de la casa de la abuela, haciendo uso de materiales sencillos y de fácil acceso, como ladrillo, teja y metal. Tecnología y tradición se unen en los revestimientos internos y externos y la iluminación aporta puntos focales de luz que realzan la arquitectura y los objetos. La pared curva de la fachada principal presenta un banco y una fuente de agua, transformándola en un lugar de calma y contemplación. Colgantes a diferentes alturas y mucha vegetación son los puntos fuertes del proyecto.