El proyecto propone una oda a la tierra minera, uniendo el gesto de garimpar con la valorización de lo que tenemos de más precioso: la arcilla, el mineral y la gastronomía. Las texturas evocan las piedras y los minerales del suelo, en un diálogo entre formas orgánicas y ortogonales que traducen el encuentro entre la naturaleza y la acción humana.