En una sala de 102m2, Hélio Albuquerque proyecta un espacio para promover el encuentro y traducir recuerdos de su infancia en Brasilia. Paredes revestidas con láminas naturales de pau-ferro imprimen una atmósfera de acogimiento y equilibrio. En el piso, el uso continuo de alfombra contribuye al confort acústico y térmico, reforzando la sensación de refugio urbano. La curaduría con obras de Alfredo Ceschiatti y Galeno imprime identidad al espacio, conectando el legado cultural de Brasilia con la experiencia sensorial del visitante.