La base es una paleta otoñal, una elección decidida para crear un ambiente neutral e inclusivo, que pueda acoger a dos niños de diferentes edades. Para el bebé, una acogedora cuna ovalada, de madera y paja, aireada, luminosa y sensorial. Las especificaciones son las mismas para la cómoda que hay al lado, que sirve de soporte. Cerca, el sillón de lino, con base de madera, ofrece un confort extremo sobre la alfombra redonda, lisa y ligera. Llama la atención la distribución del mobiliario, que facilita la circulación, en una distribución y carpintería funcional, sin perder el encanto que un espacio como este requiere. Entre las buenas opciones está el entrepiso, diseñado como una gran caja de juguetes, al que se accede por una escalera creada a partir de un solo tubo de metal, en un patrón orgánico en zigzag. Justo debajo, la piscina de bolas junto a la cama es la diversión asegurada. La pared frente a la ventana explora la geometría con la delicadeza de los arcos y aporta colores desde una paleta equilibrada de tonos secos. Del lado de la ventana, la presencia de madera, persianas claras y vegetación. Las piezas de iluminación aportan una luz divertida a la habitación y aluden a la luna llena. La diversión no termina en este espacio, pues el closet fue diseñado para servir como sala de juegos, con una mesa baja y dos sillas para colorear, un espejo inferior y una alfombra que repite el mismo patrón geométrico que la pared del dormitorio. Además de armarios con espejos a ambos lados, de listones de madera, al fondo, una pared con nichos llenos y vacíos de madera pintados en gris claro trae juguetes y objetos que nos transportan a la infancia.