La minería, los recuerdos y el eclecticismo del universo creativo del arquitecto subyacen en el área de 44 m², en la que la alternancia de piezas nuevas y antiguas crea historias en capas. “El mundo y las personas son plurales, y los espacios también deberían serlo”, afirma el autor. El resultado es un ambiente en el que el horizonte pasado, presente y futuro aparecen entrelazados, como en el piso de madera de tauari bicolor con círculos de mármol nacional. Otro punto de interés, el techo pintado de verde amarillento recibió piezas de MDF en relieve.