Cuando la familia con dos hijos se mudó de Río de Janeiro a Curitiba (PR), llamaron a los arquitectos
Diego Raposo y
Manuela Simas para que el ático dúplex
de 200 m² pareciera un hogar. “Ellos ya eran nuestros clientes. Construimos una casa de campo para esta familia, en Itaipava, en la región montañosa de Río. Por eso, esta vez solo nos pidieron comodidad y privacidad. Además nos dieron carta blanca para el proyecto”, afirma Diego.
El único cambio en la distribución fue la incorporación del salón íntimo a la suite principal para aumentar el
armario de la pareja. En la decoración, con un estilo minimalista contemporáneo, la oficina invirtió en materiales naturales (como madera, lino, algodón, piedra, cuero y plantas), utilizó tonos blancos y crudos para aumentar la luminosidad en el interior de la vivienda e invirtió en -Carpintería diseñada para crear espacios de almacenamiento.
En cuanto al mobiliario, la selección de nuevas piezas estuvo guiada, sobre todo, por el confort y la atemporalidad del diseño, como el
sillón con taburete Pitu, diseñado por el diseñador Aristeu Pires, y la silla Siri, diseñada por Giácomo Tomazzi, que ganó un lugar destacado en la vida.
“Como a la pareja le gusta reunirse con sus hijos para ver la televisión, colocamos en el salón un sofá de generosas dimensiones, dispuesto en forma de L. Aún en el salón, junto al perchero, fijamos una mesa de trabajo. ya que ambos prefieren integrarse en el día a día trabajando desde casa”, afirma Manuela.
Otro punto a destacar de la sala es la chimenea rectangular, que parece un módulo central de piedra del estante, diseñada por el despacho y realizada mediante carpintería. “También con la intención de hacer más acogedor el ambiente, tapizamos la estructura de la cama de matrimonio, incluido el cabecero, en tela bouclé color blanco roto”, informa Diego. “La hija del matrimonio nos pidió una habitación atemporal, que no pareciera la habitación de un adolescente. Por eso, también adoptamos una base neutra en esta habitación y la puntuamos con color, especialmente en tonos de rosa claro, en algunas obras de arte y objetos decorativos para aportar un poco de jovialidad”, añade Manuela.
Como el ático está en el piso 12, los clientes realmente querían sentirse como en casa. Para conseguirlo, los arquitectos invirtieron en
jardines con abundante vegetación (a veces vertical, a veces en macetas agrupadas), que no sólo minimizaba la presencia de edificios vecinos sino que también daba más privacidad a la zona donde se instalaba un jacuzzi.
“Nuestro mayor desafío en este proyecto fue realizar el trabajo de forma remota, ya que nuestra oficina está en Río de Janeiro. Para que todo transcurriera sin problemas contratamos a un arquitecto local, quien nos ayudó durante todo el proceso”, concluye el arquitecto Diego Raposo.