Certificación AQUA-HQE® impulsa prácticas sostenibles en obras y edificios, pero los desafíos estructurales aún limitan la circularidad en el sector
Presentado en 17 mar 2026, 19:14

(André Nazareth/CASACOR)
El fin de un ciclo puede ser, también, el inicio de otro. En la arquitectura y en la construcción civil, esa lógica ha orientado una transformación importante: la adopción de la economía circular como respuesta a la necesidad de reducir el impacto ambiental del sector.
De forma simplificada, la economía circular propone sustituir el modelo tradicional de “extraer, usar y descartar” por un sistema continuo de reaprovechamiento. En ese modelo, los productos y las edificaciones se conciben desde el inicio para durar más, además de facilitar la reparación, la reutilización y el reciclaje de sus componentes.
Ese cambio de lógica pasa, necesariamente, por la selección rigurosa de materiales y técnicas constructivas. La reutilización inteligente, la reducción de residuos y el uso de materias primas rastreables dejan de ser diferenciales y pasan a ocupar un papel central en los proyectos contemporáneos. Al integrar sostenibilidad y elegancia, la arquitectura refuerza la idea de que la sofisticación está en habitar el mundo sin agotarlo.
Bric Arquitetura - Mariana Teixeira e Pedro Pantoja - Palacito Bric. Projeto da CASACOR Rio de Janeiro 2023. (André Nazareth/CASACOR)
En ese contexto, la certificación AQUA-HQE®, de la Fundación Vanzolini (FCAV), se ha consolidado como una herramienta relevante para convertir la economía circular en una práctica concreta en el sector.
Según el equipo técnico de la FCAV, el sello introduce conceptos como “potencial de desmontabilidad” y “preparación para el fin de la vida útil del inmueble”. En la práctica, eso significa que un proyecto certificado ya nace con un plan de deconstrucción, lo que permite que sus sistemas se reaprovechen en lugar de desecharse en vertederos.
La certificación también exige rigor técnico en la gestión de residuos a lo largo de la obra —incluyendo clasificación en origen, separación por tipología, organización del almacenamiento, reducción de las cantidades generadas y trazabilidad del destino—. Más que garantizar la eliminación adecuada, el proceso AQUA-HQE® incorpora la reducción en la fuente, la preparación para la valorización y el reciclaje. “Todo ese proceso evita desperdicios y ayuda a estructurar flujos de reaprovechamiento”, explica el equipo técnico de la FCAV.
En las obras de bajo impacto ambiental, la gestión de residuos deja de ser una etapa pasiva —limitada al destino final— para asumir un papel activo. La clasificación en origen y la trazabilidad total transforman lo que antes sería desechado en insumos para nuevos ciclos productivos.
Esa lógica se extiende a la fase de uso del edificio. El sello AQUA-HQE® prevé espacios adecuados para la clasificación y flujos internos que faciliten la recolección selectiva, haciendo del reciclaje una práctica intuitiva en el cotidiano de los usuarios.
(Marc Goodwin/CASACOR)
Más que eso, el referencial propone un cambio de visión: el edificio deja de entenderse como un bloque estático y pasa a verse como un banco temporal de materiales. Al priorizar el mantenimiento y la reparabilidad, la certificación prolonga el ciclo de vida de las construcciones y refuerza una arquitectura alineada con los límites ambientales, sin renunciar a la eficiencia técnica.
A pesar de los avances, la implementación de la economía circular en el sector aún enfrenta obstáculos relevantes. Uno de los principales está en la propia estructura de la cadena productiva.
El ciclo de vida de los activos inmobiliarios es largo e involucra a diversos agentes —proyectistas, constructoras, incorporadoras, proveedores y usuarios finales— que no siempre comparten los mismos incentivos económicos. Ese desalineamiento dificulta la adopción de prácticas circulares.
De acuerdo con la profesora Marly Monteiro de Carvalho, del Departamento de Ingeniería de Producción de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo, la fragmentación de la cadena de suministros es el principal obstáculo. “Ese desalineamiento dificulta la internalización de los beneficios de largo plazo asociados a la circularidad, como la reducción de residuos y la valorización de materiales al final de la vida útil”, afirma.
Otro desafío está en la dificultad de estructurar modelos financieros capaces de captar no solo el valor económico directo, sino también los beneficios ambientales y sociales de la circularidad. La ausencia de incentivos fiscales consistentes y de mecanismos adecuados de fijación de precios para la disposición de residuos agrava ese escenario.
Casa Agüé, por Marko Brajovic. Com uma arquitetura de tipologia horizontal e modular, sua construção está suspensa entre duas pedras maiores, que se divide entre decks abertos e módulos de programa fechado. (Gustavo Uemura/CASACOR)
Además, el uso de materiales reaprovechados aún enfrenta resistencia. “Los productos reaprovechados con frecuencia enfrentan barreras de certificación técnica, lo que compromete la confianza de ingenieros e inversionistas en cuanto a la durabilidad, el desempeño estructural y la responsabilidad técnica de las edificaciones”, explica la profesora.
La logística inversa también representa un obstáculo. El transporte de residuos de la construcción —generalmente pesados y voluminosos— puede ser más caro que la adquisición de materia prima virgen, especialmente en ausencia de infraestructura local de procesamiento o de incentivos económicos.
Entre las soluciones más prometedoras está la industrialización de la construcción aliada a la modularidad. Los sistemas constructivos basados en componentes estandarizados, producidos a escala industrial, reducen el desperdicio típico de los sitios de obra tradicionales y facilitan tanto el montaje como el desmontaje de las edificaciones.
“Al disminuir pérdidas de materiales, retrabajos y tiempo de ejecución, esos sistemas reducen directamente los costos de construcción y vuelven los emprendimientos habitacionales más accesibles”, afirma Carvalho.
Además, la modularidad viabiliza estrategias como el diseño para desmontaje, permitiendo que los componentes sean reutilizados o reconfigurados a lo largo del tiempo —un paso esencial para consolidar la economía circular en la construcción civil.