Ubicada en un condominio cerrado, en
Araxá (MG), esta
casa de
720 m², con dos pisos, fue diseñada y construida desde cero por la oficina
Paula Gonçalves Reis Arquitetura sobre un terreno de 845 m², considerando ya las áreas que recibirían los
jardines. Por eso, el proyecto de paisajismo encargado a la arquitecta paisajista
Flávia D’Urso – del elenco
CASACOR Minas Gerais – fue desarrollado en paralelo con la arquitectura.
Los propietarios – una pareja de empresarios, con dos hijos – querían que el
paisajismo "abrazara" la casa y garantizara la privacidad de la familia dentro de ella, ya que fue erguida en un terreno de esquina, con fachadas muy expuestas.
También pidieron un olivo en la entrada de la residencia, no solo porque admiran su follaje verde, con un leve tono plateado, sino también por toda su simbología de representar paz, longevidad y prosperidad. Flávia cuenta que utilizó alrededor de
27 variedades de especies de plantas, entre cubresuelos, arbustos, árboles y palmeras, para componer el jardín de la entrada, de la fachada, del entorno del gimnasio y de la piscina y la jardinería en la suite de la pareja, todos con estilo contemporáneo tropical. "Justo en la entrada de la residencia, utilizamos jardineras con alturas diferentes, con
cubresuelos de zámias, de tallos largos y hojas redondeadas, y palmeras datileras", informa la paisajista. "En esta misma entrada, creamos un pequeño cantero más al fondo, forrado de
xanadus, de hojas pequeñas, con un olivo de copa redondeada y completa", añade.
En la esquina de la residencia, un conjunto de
guaimbés voluminosos se destaca, creando un macizo verde notable para este tramo de la edificación, con algunas
palmeras solitarias, de hojas largas, que se superponen a las plantas de la jardinería de ladrillo del piso superior, repleta de agapantos. En la fachada más baja del terreno, Flávia exploró especies con texturas y alturas variadas, en dos niveles de jardinería. En el nivel de la acera, la jardinería fue llenada con
imbés undulatos, xanadus y un macizo bien voluminoso de marantas charuto. Al fondo de la misma jardinería, fueron plantadas
siete palmeras carpentarias, de troncos finos y copas altas. Ya la jardinería más alta, que se encuentra al nivel de la terraza, recibió
viburnos densos, proporcionando más privacidad para el área de la piscina.
En el jardín al lado del gimnasio externo, la paisajista plantó
tres palmeras nativas, de la especie carandás (con troncos de textura única y hojas en forma de abanico), con fórmios verdes (de hojas alargadas) en el lateral.
Alrededor de la piscina, se creó un
canteiro estrecho cubierto de agapantos (de hojas voluminosas y flores delicadas en tono púrpura), con palmeras Rabo de Raposa (del lado de la fachada) y
palmeras veitchas (del lado del muro) alineadas a lo largo de toda su extensión.
"En este proyecto trabajamos con especies de bajo mantenimiento que preservan la misma apariencia todo el año y se vuelven aún más atractivas con el paso del tiempo", finaliza la paisajista Flávia D’Urso.