La historia de este apartamento
de 120 m² comienza con un dilema familiar: el marido no renunciaba a la barbacoa del balcón, pero la mujer no quería verla cuando no estaba en uso. Para solucionar el problema de la pareja, la arquitecta
Beatriz Quinelato propuso un
panel retráctil que oculta la barbacoa cuando no está en uso. (Adriano Escanhuela/CASACOR)
La estructura azul no sólo camufla la zona, sino que también aporta color al balcón. Tonos brillantes aparecen en toda la propiedad: el azul impregna el
dormitorio de la pareja y el verde marca la entrada al apartamento.
(Adriano Escanhuela/CASACOR)
En el
balcón , el revestimiento geométrico azul y naranja crea un telón de fondo para el sillón de lectura. Y los gráficos también aparecen en la alfombra del salón y en la pared
del baño .
Además, la pareja también solicitó ambientes con cordialidad e integración para recibir a amigos y espacio para acomodar las guitarras del marido en la decoración.
(Adriano Escanhuela/CASACOR)
Destaca el cuadro del abuelo
Orlando Marcucci , alumno de Alfredo Volpi, quien estaba sentado detrás del sofá.