"Una gran coincidencia ocurrió cuando fui a encontrarme con la pareja de residentes: la casa era la misma que veía desde la ventana cuando era adolescente, cuando soñaba con estudiar arquitectura. ¡La conexión con los residentes fue inmediata!", explica
Ana Cano – del elenco de
CASACOR Río de Janeiro – sobre esta casa
de 1000 m² en lo alto del Parque Guinle, en el barrio carioca de Laranjeiras,
con vistas al Cristo y al Pan de Azúcar. Los residentes son un matrimonio de 70 años con espíritu de 20: les encanta el carnaval, la samba y forman parte de la percusión del Monobloco, uno de los grupos de carnaval más famosos de Río. A partir de esta alegría de vivir, el profesional rediseñó la arquitectura y los interiores de la propiedad.
En la
entrada se resalta la brasilidad, con piezas que hacen referencia a diferentes regiones del país, como
carrancas, imágenes sagradas, vasijas de barro y otros elementos . El césped del área forma una conexión con el comedor y la cocina, con solo vidrio separando los espacios.
Integrada al comedor, la
cocina sufrió un importante rediseño, ganando una
isla de carpintería con tapa de piedra de cuarzo, con
estante suspendido de carpintería metálica negra y
vitrinas de vidrio estriado. El comedor y el salón son dos puntos centrales para crear recuerdos emotivos:
muebles que pertenecen a la familia desde hace tiempo han sido renovados e insertados en la nueva decoración. Entre ellos, el aparador, la alacena, el taburete de paja trenzada y la mesa al lado del sofá. Para crear contraste con este aire vintage, las paredes son de cemento quemado o de colores vivos, las lámparas son de raíles y varias piezas tienen un diseño atrevido.
Destaca el
brise de la escalera, que tiene un efecto decorativo y sirve como barandilla. “Como la casa está más alta y es más fresca, añadimos una chimenea para los días de invierno”, dice Ana.
El dormitorio de los novios, ubicado en el segundo piso, potencia la entrada de luz. Muy espaciosa, la suite sirve como oficina, tiene pisos originales en espiga y fue diseñada íntegramente en tonos suaves y acogedores.
Los colores del piso, carpintería y paredes aparecen en el lienzo de la artista Claudia Ferraz. Los cinco dormitorios están en el tercer piso. "La habitación de los nietos tenía que ser lúdica y lo suficientemente grande para alojar a cuatro niños y tener espacio para juegos. Optamos por dos camas plegables, un rincón para dibujar y leer", afirma.
Una de las habitaciones se transformó en una sala de meditación y un lugar de pasatiempos para la residente, a quien le gusta bordar y coser. Creando unidad entre los espacios del segundo piso, los otros dormitorios siguen la misma paleta de tonos claros y suaves.