Abrazar la naturaleza en su forma más pura era el deseo de
Dudu Azevedo al concebir su hogar en Itanhangá, un barrio rodeado por la Mata Atlântica en Río de Janeiro. En colaboración con el arquitecto
Pedro Coimbra y el diseñador
Zanini de Zanine, el actor y músico diseñó desde cero una
casa de 500 m² que se adapta a la topografía accidentada y se disuelve en el paisaje circundante, en una armonía entre arquitectura, naturaleza y estilo de vida.
Desde el principio, la petición era clara: que
la construcción tuviera el menor impacto posible sobre el terreno y preservara la vegetación nativa. Apoyada delicadamente sobre dos taludes naturales, la casa respeta el relieve y permite que los animales de la región continúen circulando libremente, como atestiguan los frecuentes "asaltos de banano" protagonizados por los monos locales.
La residencia es una oda a la simplicidad.
Estructurada en concreto expuesto y vidrio, la construcción remite al modernismo brasileño, mientras que la madera calienta los ambientes internos, creando una atmósfera acogedora y contemporánea. "El concepto era hacer una casa concreta, a pie en el suelo, pero completamente abierta a la naturaleza", explica Dudu.
La fachada monumental revela la esencia del proyecto: líneas puras, amplios paneles de vidrio y la integración total con el verde del entorno.
Toda la casa se organiza alrededor de balcones continuos, conectando espacios íntimos y sociales y proporcionando abundante luz natural a lo largo del día. Projeto de Pedro Coimbra. (Leo Costa/Divulgação)
Internamente, el proyecto traduce el modo de vivir del propietario. El área social fue pensada para recibir amigos y familiares, mientras que el ala íntima preserva el recogimiento necesario, siempre con la posibilidad de acceso al exterior. El diseño funcional garantiza fluidez en la circulación y refuerza la conexión con la vegetación.
La curaduría del mobiliario refuerza la identidad brasileña del proyecto.
Piezas de líneas modernas, obras de arte de Mario Cravo Neto y materiales que dialogan con la rusticidad del entorno fueron seleccionados para componer una atmósfera de sofisticación brasileña. La luz natural, protagonista del proyecto, atraviesa la casa de punta a punta, creando juegos de luz y sombra que varían a lo largo del día.
Los espacios, casi íntegramente rodeados por vidrio, permiten que el paisaje entre como parte integrante de la arquitectura. Sostenible en su esencia, el proyecto evita grandes intervenciones en el suelo y valora la vegetación existente. El respeto al projects natural, la elección de materiales duraderos y la valorización de la luz natural configuran un enfoque consciente y alineado con los nuevos paradigmas de la arquitectura contemporánea.