En Alto Humaitá, esta casa de 810 m² une el
alma carioca con la
energía contagiosa de Bahia. Después de pertenecer a una pareja de actores bahianos, fue comprada por otra pareja de Salvador, que se mudó con tres hijos pequeños. El desafío de la oficina
Mauricio Nobrega Arquitetura en la reforma fue crear
proyectos amplios e integrados que hicieran la vida diaria funcional y recibieran bien a amigos y familiares en animados fines de semana.
A pesar de haber pasado por una reforma, la casa necesitaba ajustes para
abrir los espacios. En el primer piso, la oficina fue eliminada para dar lugar a tres salas amplias: estar, comedor y TV, todas abiertas al exterior con puertas corredizas. La zona exterior fue ampliada con una
cocina gourmet, baño-vestuario y sauna, mientras que el paisajismo fue renovado con plantas tropicales que forman refugios de descanso. La decoración destaca piezas de diseño nacional, como las
sillas Taja, de
Sérgio Rodrigues, y
lámparas de Jader Almeida.
El sótano, antes usado como sala de ensayos, se convirtió en un
cuarto de huéspedes para los niños, que también funciona como espacio familiar para la vida diaria de la casa. En el piso íntimo, el
layout fue rehecho para
incluir cuatro suites espaciosas, baños modernos y un gran closet en la suite principal, asegurando
confort y
funcionalidad para toda la familia.
La mayor sorpresa de la obra fue el descubrimiento de un
ático con altura de piso alta. Este espacio permitió crear entreplantas en las tres suites principales, que funcionan como una oficina para la pareja, un área de estudios y juegos para el hijo y una sala de juegos para las niñas, ampliando la experiencia dentro de la casa.
“Fue una de esas sorpresas inesperadas que ocurren en medio de la obra, pero terminó siendo un
gran beneficio para el proyecto”, revela Mauricio Nobrega, destacando cómo la reforma equilibró practicidad, convivencia y confort en una casa que es un verdadero hogar para la familia.
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