Las saunas reaparecen en la vida cotidiana como espacios de pausa y reconexión, integrando prácticas antiguas en nuevas formas de cuidado del cuerpo y la mente
Presentado en 8 abr 2026, 15:00

(Gabriela Daltro/Divulgação)
Las saunas dejaron de ser vistas solo como espacios puntuales de relajación y pasaron a ocupar un lugar permanente en las rutinas de bienestar. Lo que antes se asociaba a clubes o spas hoy aparece integrado a proyectos residenciales y a una lógica más amplia de autocuidado.
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Este movimiento no surge por casualidad. En un escenario marcado por el exceso de estímulos y un ritmo acelerado, prácticas que invitan a la desaceleración adquieren un nuevo significado. Como una práctica que favorece la introspección, la saunaterapia dialoga directamente con una búsqueda contemporánea de equilibrio.
El regreso de las saunas revela un cambio de comportamiento, especialmente entre la Generación Z. Los más jóvenes han resignificado el concepto de bienestar, priorizando experiencias que involucran presencia, salud mental y autocuidado.

Además, hay una dimensión estética (el famoso "aesthetic") que es esencial para esta generación. Proyectos de saunas con diseño minimalista, materiales naturales e integración con áreas exteriores refuerzan la experiencia sensorial, donde el ambiente deja de ser solo funcional y pasa a formar una narrativa más amplia.
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El uso de las saunas implica diferentes capas de beneficios, que se manifiestan tanto en el cuerpo como en la mente. El calor, el ambiente controlado y el tiempo de permanencia crean condiciones específicas que favorecen la relajación y la regeneración.
El calor de las saunas contribuye a la relajación de la musculatura, ayudando a aliviar tensiones acumuladas a lo largo del día. Ese efecto se percibe especialmente después de actividades físicas o largos períodos de esfuerzo.
La exposición al calor provoca la dilatación de los vasos sanguíneos, una respuesta natural del organismo, y aumenta la circulación sanguínea. Este estímulo favorece la oxigenación de los tejidos y contribuye a la recuperación muscular. Además, es el principal responsable de la sensación de ligereza corporal.
Las saunas también influyen en el estado mental, creando un ambiente propicio para la desaceleración. La ausencia de estímulos externos y el calor constante favorecen un estado de relajación profundo.
Este contexto puede contribuir a la reducción del estrés y a momentos de introspección. De esta manera, el tiempo dentro de la sauna se convierte en una pausa consciente, que dialoga con prácticas actuales de atención plena.
Además, el sudor intenso ayuda a eliminar impurezas, asociándose con frecuencia a una sensación de limpieza y renovación.
Rosa Marimon- Espaço Bio, Sauna, SPA e banheiros, área adjacente à piscina repleta de memórias de celebrações animadas. (Lio Simas/Divulgação)
A pesar de sus innumerables beneficios, la práctica exige algunos cuidados para garantizar una experiencia segura. Los principales son:
El tiempo dentro de las saunas debe ser controlado, generalmente entre 10 y 20 minutos por sesión. Permanencias más largas pueden sobrecargar el organismo, especialmente para quien está comenzando. Hacer pausas entre las sesiones y observar la respuesta del cuerpo ayuda a evitar molestias.
La hidratación también es uno de los puntos más importantes en la saunaterapia. Como el cuerpo pierde líquidos por medio del sudor, es esencial ingerir agua antes y después del uso de las saunas. Este cuidado ayuda a mantener el equilibrio del organismo y evita síntomas como mareo o fatiga.
Las personas con condiciones específicas, como problemas cardiovasculares o presión arterial desregulada, deben tener atención redoblada al utilizar saunas. En estos casos, la orientación profesional es fundamental.
La saunaterapia puede integrarse con otras prácticas, como baños fríos, momentos de descanso o rutinas de autocuidado. Esta combinación potencia los efectos y amplía la experiencia.