En el distrito de Catuçaba, en São Luís do Paraitinga, se encuentra el Villa Sarre: un
proyecto inédito que propone un nuevo modo de vivir, crear y contemplar. Ideado por la artista plástica
Vanessa Meyer, la granja es más que un destino: es un reencuentro — de la creadora con sus raíces, del arte con la tierra, del lujo con la simplicidad.
Hija de un granjero del interior de Minas Gerais,
Vanessa ha recorrido el mundo dedicada al arte. Pero fue en este pedazo de montaña, rodeado por la exuberancia de la Mata Atlântica, donde reencontró el amor por la tierra, por la memoria afectiva y por la belleza silenciosa de la naturaleza.
Así nació la primera granja de arte de Brasil, donde el cultivo es de sensaciones y experiencias.
El paisaje que se transforma en arquitectura
La Villa Sarre fue concebida en plataformas sucesivas,
respetando el relieve natural e invitando a la contemplación a cada paso. Minimalista y sofisticado, el conjunto arquitectónico exhibe tonos off-white, beiges terrosos y fibras naturales, componiendo una
estética etérea que mezcla la calma griega, la rusticidad toscana y el alma artesanal brasileña.
Cada elemento lleva la firma de Vanessa:
barro blanco, cuerda, sisal, fibras de coco y maderas brasileñas conviven con
piezas provenientes de la Amazonía, Bahía y el Sur del país. Todo se integra a la naturaleza, como si cada detalle fuera también obra del entorno.
Arte, acogida y exclusividad
En la segunda plataforma, el espacio se abre al público. Una amplia sala acristalada se conecta a la cocina, donde
los encuentros y las comidas adquieren el carácter de rituales. De allí, el paisaje se revela en constante movimiento.
Con capacidad para hasta nueve personas, la Villa ofrece
servicios personalizados, chef exclusivo y experiencias a medida — desde el recorrido gastronómico hasta paseos guiados — para quienes buscan sofisticación, privacidad y conexión con lo natural.
Un territorio para crear
La Villa Sarre no se limita a la hospitalidad: también es un espacio de producción artística. En las próximas plataformas, ya en construcción, surgirá una galería al aire libre con obras de Vanessa y de artistas invitados. Chalets con estudios individuales recibirán creadores en residencia artística, promoviendo el diálogo entre arte, naturaleza e interioridad.
En la cima de la montaña, un
mirador con vista de 360 grados será escenario para la contemplación, mientras que un helipuerto garantizará acceso directo. Un sendero ecológico, señalizado, conduce hasta una fuente de agua mineral —
más un gesto de la naturaleza reafirmando su presencia protagonista.