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Arquitectura

Lina y Milán: la formación de una arquitecta en una ciudad en crisis

Fue en el escenario de crisis y reconstrucción de la Milán de los años 40 donde Lina Bo Bardi descubrió el papel social del arquitecto

Por Marina Pires

Presentado en 14 abr 2026, 8:00

05 min de leitura
Lina no jardim de seu escritório em Milão (1940)

Lina no jardim de seu escritório em Milão (1940) (Instituto Bardi/CASACOR)

Antes de convertirse en uno de los nombres más importantes de la arquitectura moderna en Brasil, fue en la ciudad de Milán donde Lina Bo Bardi comenzó a delinear su trayectoria profesional. Sin embargo, su formación académica tuvo lugar en Roma. Lina fue una de las primeras mujeres en ingresar en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Roma La Sapienza, una de las instituciones más tradicionales del país. Se graduó en 1939 con un proyecto orientado a la maternidad y la infancia, inspirado en las propuestas urbanas de Luigi Piccinato.

Pero es solo al año siguiente, en 1940, tras pasar por Venecia para obtener su registro profesional, cuando Lina llega a Milán. La elección no fue casual. “Sin gran alarde, llegó a su nueva ciudad en busca de caminos para realizar sus ambiciones”, escribe Zeuler R. Lima en la biografía "Lina Bo Bardi: lo que yo quería era tener historia".

Lina Bo Bardi en la época de la facultad en 1938

Lina Bo Bardi na época da faculdade em 1938 (Instituto Bardi/CASACOR)

Lejos de Roma, que consideraba estancada por el monumentalismo fascista, Lina buscaba un entorno más dinámico, donde pudiera experimentar su independencia. “Roma era una ciudad parada. Toda Italia estaba medio parada. Pero Milán, no”, dijo.

En aquel momento, Milán era el principal centro industrial de Italia. A diferencia de otras ciudades italianas, más asociadas al pasado clásico, se afirmaba como un polo productivo donde la arquitectura, el diseño y la comunicación se entrelazaban. Era también el laboratorio de la arquitectura racionalista italiana. Pero la ciudad que Lina encuentra está al borde del colapso.

Maqueta del Trabajo de Graduación Interdisciplinar (TIG) de Lina. Roma, 1939

Maquete do Trabalho de Graduação Interdisciplinar (TIG) de Lina. Roma, 1939 (Instituto Bardi/CASACOR)

Con Europa ya sumida en la Segunda Guerra Mundial, el destino de Lina y de Milán cambiaría drásticamente el 10 de junio de 1940. Fue en esta fecha cuando Mussolini declaró la guerra a Francia y al Reino Unido, oficializando la entrada de Italia en el conflicto al lado del Eje.

A partir de ahí, la guerra dejó de ser una noticia distante para convertirse en una realidad brutal: por su relevancia industrial y logística, Milán pasó a ser un objetivo prioritario de los bombardeos estratégicos de la RAF (Royal Air Force) británica. En los meses siguientes, entre junio y diciembre de 1940, la ciudad comenzó a acumular cicatrices profundas, con destrucciones materiales y pérdidas humanas que definirían el escenario donde Lina iniciaría su práctica profesional.

Destrucción de la Basílica de San Ambrosio en 1943

Destruição da Basílica de Santo Ambrósio em 1943 (Divulgação/CASACOR)

Esa experiencia marca profundamente su inicio profesional. Al principio, Lina intenta mantener una rutina estable, colaborando con Gio Ponti en las revistas Stile y Domus. Sin embargo, en 1943, la guerra se vuelve personal y devastadora: su estudio en la Via del Lauro, mantenido en sociedad con Carlo Pagani, fue completamente destruido por un bombardeo.

"No sobró nada. Ni un dibujo, ni un papel", relata Lina Bo Bardi.

Al revisitar ese período, lo resumiría con firmeza: comenzó a trabajar como arquitecta “cuando nada se construía, solo se destruía”. Si la guerra impuso una ruptura física con la destrucción de su estudio, Milán ofreció a cambio una profunda transformación intelectual. A pesar del régimen fascista, la ciudad concentraba una resistencia cultural activa. Lina se involucró con el Partido Comunista Italiano (PCI) y participó de la Resistencia, donde la política y la arquitectura se fundieron en su pensamiento.

Galleria Vittorio Emanuele II tras el bombardeo de 1943

Galleria Vittorio Emanuele II após bombardeio em 1943 (Divulgação/CASACOR)

La ciudad proporcionó lo que ella reconocería como una “educación humana y política”: el contacto directo con las carencias de la vida urbana y las crisis reales de la población. En los años finales del conflicto, Milán se convierte en el centro de una articulación intelectual clandestina. Como el debate libre estaba prohibido, arquitectos e intelectuales, como Bruno Zevi y los fundadores del Movimento Studi Architettura (MSA), se reunían en secreto para planear la reconstrucción de Italia. Rechazaban la estética monumental del fascismo y discutían una nueva óptica: la Cultura della Vita (Cultura de la Vida).

Esa "Cultura de la Vida" era la creencia de que la arquitectura debía abandonar las preocupaciones puramente estéticas para enfocarse en lo urgente: vivienda popular, reconstrucción de barrios destruidos y la dignidad de lo cotidiano. En lugar de palacios, el foco pasaba a ser la escuela, el hospital y la casa obrera.

Fue en ese terreno de escombros e ideales donde nació la Lina Bo Bardi que llegaría a Brasil en 1946: una profesional que no veía el edificio solo como objeto estético, sino como una respuesta social necesaria para la vida cotidiana.