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Día de las Naciones Unidas: la historia de la sede y el papel de Niemeyer

La sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, es un ícono moderno con el diseño de Oscar Niemeyer y Le Corbusier. Conoce su historia y arquitectura

Por CASACOR Publisher

Presentado en 24 oct 2025, 5:00

08 min de leitura
A sede das Nações Unidas, em Nova York, é um ícone moderno com projeto de Oscar Niemeyer e Le Corbusier. Conheça sua história e arquitetura

A sede das Nações Unidas, em Nova York, é um ícone moderno com projeto de Oscar Niemeyer e Le Corbusier. Conheça sua história e arquitetura (Divulgação/Divulgação)

El Día de las Naciones Unidas, celebrado el 24 de octubre, marca la fundación oficial de la ONU en 1945 — una fecha simbólica que representa el esfuerzo global por la paz y la cooperación entre países. Pero hay una curiosidad que pocos conocen: la sede de las Naciones Unidas, situada a orillas del East River, en Nueva York, tiene una fuerte conexión con Brasil.

Sede de las Naciones Unidas, ubicada a las orillas del East River, en Nueva York.

Esto se debe a que uno de los principales nombres detrás del proyecto arquitectónico es Oscar Niemeyer, entonces un joven arquitecto de apenas 40 años que, años después, se convertiría en uno de los más renombrados del mundo.

Su participación en la construcción del edificio consolidó no solo un hito de la arquitectura moderna, sino también el protagonismo brasileño en el escenario internacional de la época.

Un símbolo de unión tras la guerra


Delegación de los Estados Unidos durante la firma de la Carta de las Naciones Unidas, en San Francisco, el 26 de junio de 1945. A la izquierda, el presidente Harry Truman observa al senador Tom Connally oficializar el documento que dio origen a la ONU.

La sede de las Naciones Unidas fue concebida poco después de la Segunda Guerra Mundial, en un momento en que el mundo buscaba reconstrucción y diplomacia. En 1945, 50 países firmaron la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco, dando inicio a la organización.

Algunos años después, surgió la necesidad de una sede permanente, que simbolizara la unión de las naciones y albergara las actividades diplomáticas y administrativas de la ONU.

El secretario general de la ONU, Dag Hammarskjöld, frente al edificio de la Asamblea General, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, en la década de 1950.

En 1946, los Estados Unidos ofrecieron la ciudad de Nueva York como lugar para albergar el complejo, y el magnate John D. Rockefeller Jr. donó el terreno de aproximadamente 7 hectáreas a la orilla del East River, en Manhattan. La idea era crear una arquitectura universal, que reflejara los ideales de paz, transparencia y cooperación internacional — y que a la vez, fuera moderna y funcional.

El equipo de arquitectos y el protagonismo de Niemeyer


Reunión del Board of Design Consultants en 1947, grupo internacional responsable por el proyecto de la sede de las Naciones Unidas. Entre los arquitectos, están Oscar Niemeyer (Brasil), Le Corbusier (Francia), Sven Markelius (Suecia) y Howard Robertson (Reino Unido).

Para desarrollar el proyecto, se formó el Board of Design Consultants, compuesto por arquitectos de 11 países. Entre ellos estaban Le Corbusier, representando a Francia, y Oscar Niemeyer, por Brasil.

El equipo también contaba con nombres como Howard Robertson (Reino Unido), Sven Markelius (Suecia) y Liang Sicheng (China).

Croquis y maqueta del Esquema 32 de Oscar Niemeyer, que definió el trazado moderno y abierto de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Las discusiones iniciales fueron intensas. Le Corbusier, ya famoso por su trabajo en la arquitectura moderna, presentó el Esquema 23, un proyecto de trazos funcionales y verticales. Niemeyer, por su parte, propuso una variación — el Esquema 32 — que reorganizaba el conjunto y colocaba el edificio principal más cerca del río, separando las funciones administrativas de las de asamblea.

Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, inaugurada en 1952, símbolo de la diplomacia y de la cooperación entre los pueblos.

El resultado final combinó elementos de ambas propuestas, pero con fuerte influencia del trazo de Niemeyer. En una carta, el arquitecto francés reconoció: “El proyecto de Niemeyer es magnífico. Me convenció de que la sede de la ONU debería ser así.” Así nació el conjunto arquitectónico que hoy es símbolo de la diplomacia global, y que lleva en su ADN el espíritu modernista brasileño — ligero, fluido y humanista.

El proyecto arquitectónico: modernismo y transparencia


Inaugurado en 1952, el complejo de la ONU está formado por cuatro edificios principales: el Secretariado, el Edificio de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y el Consejo Económico y Social. El destacado es el bloque acristalado del Secretariado, una torre de 39 pisos y fachada de vidrio y aluminio, considerada uno de los primeros rascacielos modernistas del mundo.

Maqueta original de la sede de las Naciones Unidas, presentada en 1947 por el Board of Design Consultants. El proyecto final combinó elementos de las propuestas de Oscar Niemeyer y Le Corbusier, resultando en uno de los íconos de la arquitectura modernista mundial.

La idea era clara: transmitir transparencia, un concepto que, para Niemeyer, debería estar no solo en la política, sino también en la arquitectura. Las líneas simples y la integración visual entre interior y exterior reflejan el deseo de crear un espacio democrático y acogedor. En el salón de la Asamblea General, por ejemplo, el techo alto y el uso de luz natural refuerzan la solemnidad y la amplitud de los proyectos.

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Además del carácter estético, el proyecto fue pensado para ser funcional y simbólico. Cada espacio tiene un propósito diplomático específico, y los recorridos entre ellos fueron diseñados para incentivar el encuentro y el diálogo entre los representantes de los países miembros.

Un ícono modernista y patrimonio mundial


Hoy, la sede de la ONU es considerada un hito del modernismo internacional. El conjunto pasó por una restauración entre 2010 y 2014, con el objetivo de modernizar sus instalaciones y preservar la integridad del proyecto original, manteniendo viva la esencia del diseño que simboliza diplomacia y transparencia.

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Más de siete décadas después, el edificio sigue siendo un espacio de diálogo entre pueblos y un recordatorio de que la arquitectura puede ser un instrumento de paz. El trazo de Niemeyer, eternizado en las líneas ligeras y en las fachadas acristaladas, continúa inspirando a generaciones de arquitectos y reafirmando el papel del arte y del diseño en la construcción de un mundo más justo y unido.

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CASACOR Publisher es un agente creador de contenido exclusivo, desarrollado por el equipo de Tecnología de CASACOR a partir de la base de conocimiento de casacor.com.br. Este texto fue editado por Yeska Coelho.