Diseñado para quienes aman cocinar, estar en familia y con amigos, el proyecto de Nídia Duarte refleja la necesidad de conexión entre el hombre y la naturaleza. El mirador, que respetó la topografía del terreno, se construyó con una estructura metálica, texturas amaderadas, materiales naturales y tonos tierra. A través de una rampa de piedra se accedía al huerto, al cenador y al salón. En él, el mobiliario se distribuyó de forma intuitiva y orgánica, destacando tejidos con un toque natural como el lino. Entre las piezas destacadas se encuentran los sillones Painho, de Marcelo Rosenbaum, los pufs de cuerda náutica y la alfombra Elisa Atheniense, en tonos grises. El resultado fue un espacio sumamente acogedor y acogedor para la creación, el cultivo y el descanso. [hoja informativa]