Al rendir homenaje al río Xingu, que nace en el Centro-Oeste y atraviesa el Amazonas, la paisajista quiere promover el diálogo sobre el uso consciente de los recursos naturales en su jardín de 265 m2. “Induce a la desconexión del entorno urbano. De ahí el deseo de ocuparlo con plantas y madera carbonizada, utilizada en los tabiques y jardineras”, revela. En el lateral, la disposición de las lamas sugiere un código de barras, una alusión al comercio legal. La plataforma y el banco de cumarú tallados en un tronco caído ejemplifican formas sostenibles de utilizar la materia prima.