El proyecto aprovecha el diseño curvo de la casa Hera y sigue este concepto que se expresará desde la pared que alberga al gourmet hasta la gran mesa de fraternidad y todo su mobiliario. La idea era un espacio para fraternidades rodeado de elementos naturales, como ladrillo, madera, piedra y cemento. La tecnología está presente en las escenas de luz, que varían según el tipo de vino elegido. Los paneles suelo-techo funcionan como sujetacorchos por un lado y por el otro, al estar alineados, forman un gran panel para proyecciones de contenidos. La mesa de fraternidad fue diseñada por el arquitecto y llama la atención por su forma orgánica y agregada, a diferentes alturas. El jardín de estilo europeo, diseñado por Nãna Guimarães, complementa el ambiente acogedor.