La propuesta de Priscila Mortare es una reinterpretación de la cultura minera, que combina elementos clásicos con una atmósfera contemporánea. Los tonos tierra, la madera y el pequeño huerto sazonan el entorno con mucho encanto. “La idea es despertar sensaciones, memoria afectiva y apreciación de la cultura brasileña”. La mezcla de estilos, importante seña de identidad de la obra del arquitecto, se manifiesta en contrastes que se revelan, por ejemplo, en la estufa de leña, remodelada y ecológica. El banco Valentina, pieza fundamental del proyecto, es de Leonardo Bueno. Lúdico firma el cuadro artístico que conceptualiza el arte y la arquitectura del estado.