Bardega, un bar de 230 m2, se centra en el vino. De ahí la asociación entre su arquitectura y la de las bodegas tradicionales a través de muros de piedra, techos de madera certificada y estructuras metálicas. Los arquitectos Andresa Frutuoso de Souza, Rudolf Andreas Riederer, Stephanie Lavos y Felipe Alves de Oliveira abordan la conexión con la naturaleza desde un punto de vista enológico, en el que la bebida se convierte en información cultural y social al reunir a las personas en momentos de convivencia y celebración. En el paisajismo, que conecta el interior con el exterior, el colectivo apostó por plantas autóctonas y una iluminación íntima.