En un espacio donde el tiempo baila con la brisa del mar, la oficina de Andrade Schimmelpfeng reinterpreta el tema principal. Cada detalle hace eco de los legados del pasado, entrelazándose con una mirada hacia el futuro. Materiales, muebles y recuerdos no son meros objetos, sino testigos de un viaje, como si la casa tuviera alma. El proyecto tiene una distribución actual e integrada, permitiendo nuevos usos del espacio. Los tonos tierra con toques de azul y acero inoxidable, así como las texturas, resaltan la herencia emocional de la artesanía nororiental. Los muebles diseñados por Fernando Zanardi y De La Cruz, a su vez, apuntan al futuro.