Texturas naturales, colores terrosos y formas suaves son responsables de la calidez de este loft de 45 m2, ideado como refugio urbano desde la perspectiva de un estilo de vida simple y consciente. Entre los materiales, sobresalen las piedras en bruto utilizadas en la encimera del baño, en el área de la ducha y en la chimenea, además del techo de madera en un entramado cuadrado, referencia a la arquitectura original de la casona histórica. Para el mobiliario, la arquitecta se valió de ejemplares del diseño brasileño, como la butaca firmada por el Estudio Griz, que ganó una capa extra de expresión con la intervención de la artista y tejedora Juliana Maia.