El espacio invita a una travesía de la costa al sertão. Entre curvas y pasajes, emergen colores, texturas y memorias que se entrelazan como capas de un territorio vivo. La madera moldea relieves que evocan el suelo y el abrigo; la piedra natural, en tonos de arena y tierra, ancla la experiencia en la esencia del estado. Más que exhibir, los proyectos, firmados por Felipe Valadares y Liesid Neto, acogen. Es un lugar de pertenencia, donde la artesanía pulsa como expresión sensible y la arquitectura se revela como un manto que envuelve e ilumina la identidad de Pernambuco.