Las memorias afectivas sirvieron de punto de partida para el proyecto, como el azul de la hacienda del sertão y la exuberancia de la vegetación tropical de las sierras de Guaramiranga y Meruoca. Objetos personales y muebles, siendo algunos del siglo pasado, forman un relicario de recuerdos y muestran que es posible unir piezas que ya existen al diseño contemporáneo, de forma armónica y sostenible. En el interior del lavabo, una atmósfera azul proporcionada por la piedra cearense Azuli. Destaca la instalación de hojas secas hecha en material biodegradable por la artista plástica Socorro Silveira, en la escalera principal.