De la escasez de espacios abiertos, reflejo del confinamiento generado por la cuarentena, al imperativo de buscar más calidad de vida, surgió la idea del proyecto de Gabriel Souza e Isabel Brant. Con una fuerte presencia de elementos naturales, como el paisajismo firmado por André Orsini, el espacio forja un espejo de agua a partir de diferentes tamaños de espejo, enmarcado por una plataforma de madera cumaru. Entre objetos especiales y curiosidades, piezas firmadas por Faktura Design, proyecto paralelo de los arquitectos. Destaca aún el panel colorido de los artistas Altino Caldeira y Helena Campos y la escénica lámpara Garimpo, inspirada en bateia. Del cielorraso en yeso geométrico, la iluminación es puntual.