Los materiales reflectantes meticulosamente colocados a lo largo de los 130 m² del salón nos hacen pensar en la fugacidad de las cosas. “Centramos nuestra curaduría en valorar el tiempo y los recuerdos afectivos”, dice el arquitecto, quien diseñó todo el mobiliario. En un buen ejemplo de reutilización, el sillón tapizado en azul ganó un respaldo encontrado entre los descartes de la fábrica que produjo el sofá.