La propuesta aquí es romper con la lógica estandarizada que asocia neutralidad con elegancia, reafirmando, en su lugar, el valor de la personalidad y de la expresión individual. El arte y el diseño figuran como herramientas para que la libertad formal asuma el protagonismo. El diseño deja de ser solo funcional para convertirse en un manifiesto, capaz de romper normas, provocar sentidos y expresar la identidad de quien crea y de quien habita.