El ambiente de la estancia se ve reforzado por sus curvas y materiales, entre tonos oscuros y terrosos, asociados a elementos naturales. Los rasgos orgánicos vistos desde arriba remiten a un simbolismo conceptual, expresando la continuidad fluida del límite que nunca se alcanza: el infinito, materializando la isla. El efecto del acero expuesto al mar resalta el corazón de la Escuela Silveira de Souza: su placa fundacional, de 1913.