El concepto del espacio parte del diálogo entre el pasado histórico, el presente como proyecto de memoria viva y el futuro como oportunidad de resignificación. El proyecto reconoce al Palacio de Veraneio como un hito de la arquitectura sergipana y de la memoria política del Estado, estructurándose en tres directrices: preservación, integración y narrativa. El proyecto, que entrelaza arquitectura y memoria, cuenta también con obras de artistas sergipanos que imprimen elegancia, acogida e identidad al memorial.