Con el desafío de crear una tienda en el espacio limitado de un contenedor, Adriana Fontana apostó por la innovación. La entrada, con movimientos circulares, crea una experiencia sorprendente. Para conseguirlo, el interiorista utilizó tubos de PVC, ocultando de forma precisa la estructura. El degradado en rosa, marrón y beige aporta ligereza y vincula con el concepto de la tienda, con piezas clásicas a la venta. La madera da la bienvenida y la iluminación difusa, creada a través de un manto de sombra, cubre el techo de forma creativa. “La idea era traer a los ambientes elementos que muchas veces ofrecen costos mucho más interesantes para los clientes finales”.