Inspirado en el alba, el loft se tiñe de tonos que van desde el nude hasta matices de rosa, celebrando la frescura de la mañana y la expectativa de un nuevo día. Los colores dibujan una atmósfera acogedora y delicada, reforzada por texturas en la pared, tejidos ligeros y una variedad de materiales naturales, como piedra, madera y tramas artesanales. Se trata de un refugio para los sueños y la poesía del despertar, donde todo se conecta: cocina, estar, comedor, dormitorio, vestidor y baño comparten los 72 m2. Como el proyecto fue pensado para una mujer contemporánea que une el universo de la moda a la investigación sobre arte textil, la curaduría de arte contempla obras hechas de hilos y tejido, a modo de ejemplo de la tapicería suspendida que funciona como divisoria de la diseñadora mineira Ana Vaz. Ya los organdis teñidos llevan la firma de la francesa Ysabel de Maisonneuve, que colabora con ateljés de alta costura.