El entorno que lleva el nombre del padre del arquitecto -de raíces indígenas- es una referencia a los primeros antepasados, celebrando el rico mestizaje cultural, que se evidencia en la elección de colores y acabados, inspirados en pinturas corporales tradicionales, como Urucum, Jenipapo y Limestone. , aportando vida y autenticidad al entorno, al tiempo que crea una poderosa conexión visual con el pasado, simbolizando la resistencia y la sabiduría de los pueblos indígenas. Arte, historia y diseño dialogan en un espacio que honra la ascendencia, mientras mira hacia el futuro. La propuesta es combinar bienestar, personalización y sostenibilidad, lo que se traduce en la exploración de la biofilia. Es decir, el uso de muchas plantas, además de materiales sostenibles, como maderas reforestadas y piedras naturales. El toque tecnológico aparece con el uso de sistemas de iluminación, sonido y climatización controlados por voz o aplicaciones, e incluso una discoteca camuflada en el techo.