Con soluciones simples y funcionales, el Ginger Bar ocupa un pequeño espacio interno y se extiende al área externa con mobiliario contemporáneo esparcido por el jardín. La inspiración vino de museos de Europa con
sombrillas y mobiliario en aluminio y vidrio, todo muy ligero. En la parte interna, un antiguo sótano fue transformado en un bar intimista. Lo clásico y lo moderno se valoran por la pared con textura en polvo de oro. Ya en la Sala del Alambique el destaque es la mesa con tapa de vidrio.