La sala de 30 m2 se propone rescatar la ancestralidad a través de huellas dejadas en la naturaleza – como fósiles, texturas, flores y minerales – y de atributos de la trayectoria de la oficina de la arquitecta Larissa Perna, que transita entre España y São Paulo. Todo en una mezcla de referencias mid-century con tendencias contemporáneas. El suelo de placas irregulares de travertino beige bahia (originario de la Chapada Diamantina) representa a Brasil, mientras que el techo abovedado alude a las bóvedas de Barcelona, donde el estudio fue fundado. Ya la intervención artística de mortero con relieve está firmada por la artista Noemi Carpu, de Xàbia, municipio de la provincia de Alicante, en España.