El nombre del espacio de 47m2 creado por Barbara Dundes deriva de la palabra hebrea con la que comienza el primer libro del Pentateuco, traducida como “en el principio”. Según el profesional, la expresión hace referencia tanto al regreso a la esencia como a momentos de recuperación luego de un trauma. La idea de juntar piezas para crear algo nuevo se expresa en el suelo elaborado con fragmentos de piedra natural desechada. A su vez, la caja al fondo del espacio, realizada en tauari certificado, representa un capullo de introspección, donde un tragaluz deja pasar la luz.