Para expresar el estilo de vida dinámico y sofisticado de una joven apasionada por caballos, arte y antigüedades, esta oficina reúne muebles franceses campestres del siglo 19 y piezas de diseño brasileño de los años 1950 y 1960. Así, en 38 m2, surge una mezcla entre tradición y modernidad. “Quiero mostrar que un público joven puede reinterpretar y eternizar marcas tradicionales, incorporándolas a su día a día”, dice el autor. El espacio gana aún más acogimiento a través del forro de telas ligeras, fijadas en varillas formando ondas en el techo.