La Voz del Verso surgió de una necesidad de romper con la tradición de la oficina como proyecto masculino, dando voz a todas las mujeres a través de una atmósfera interactiva, de inmersión en sonidos y sentidos. Las arquitectas buscaron el arte y la música como formas de representar esa voz en el espacio, trayendo rasgos de la cantante Giovana Bezerra materializados desde la entrada, a través de una gran pared repleta de interpretaciones personales que guía al visitante hasta el lavabo. El escenario trae una instalación de ramas secas invertidas, que remite a la mente creativa de la artista, en un otoño de pensamientos que surgen y siguen a través del tiempo. El proyecto es firmado por Manoella Linhares y Natália Benevide.