El proyecto de Jéssica Campos presenta en 45m² los procesos, pérdidas y éxitos que son protagonistas de nuestras vidas, para representarlos como el hogar de nuestros viajes, además de demostrar nuestros viajes como el hogar de nuestras vidas. El entorno está formado por objetos personales de familiares que alguna vez se entusiasmaron con el trabajo de la arquitecta y que ahora la guían desde otro lugar. La disposición de luces y sombras representa las entradas y salidas, la dualidad entre claridad y dudas que nos impregna a diario. Los patrones circulares dibujados demuestran a nuestros ojos que la belleza no se encuentra en los caminos lineales planificados, sino en las incertidumbres y los procesos de cambio de dirección que se nos presentan a diario.