El aire cosmopolita de los lofts neoyorquinos seduce en sus 130 m². La fina mezcla de diseño y obras de arte contemporáneas coexiste con la informalidad de los acabados industriales, tan distintivos de este estilo arquitectónico. Desde los ladrillos negros que recubren las paredes hasta las piedras toscas del piso de la cocina, pasando por la combinación de vidrio y metal en el closet, el proyecto resalta las texturas y la tenacidad de los materiales. “Buscamos una atmósfera íntima que represente la vida cotidiana. Las formas, texturas, luces y sombras aportan personalidad y sofisticación”, afirma el arquitecto.