En su debut en la exposición, el arquitecto Bruno Moraes creó un espacio de 75 m² con un ambiente acogedor e impregnado de elementos rústicos. Justo en la entrada, los visitantes pueden interactuar con la fachada de parasoles de madera, que se abren y cierran para favorecer la renovación del aire y ajustar la temperatura y luminosidad del ambiente. Las formas orgánicas en la arquitectura y el mobiliario refuerzan la sensación de bienvenida, mientras que elementos brasileños, como las fotografías tomadas por Rogério Fernandes en comunidades indígenas, aportan identidad a la decoración.