No puedes evitar quedar impactado cuando ingresas a la cocina de Bruno Ortega. Y no es por la gran cantidad de información, sino por la falta de ella. Lleno de personalidad, el espacio desborda tranquilidad y sorprende por su diseño, mobiliario, pero principalmente por sus tonos monocromáticos sobre tonos, con texturas que se funden de una a otra en increíble armonía. "El espacio refleja mi estilo de vida, que es agitado y turbulento durante gran parte del día, pero tranquilo y sereno cuando estoy en casa". La segunda sorpresa llega desde el interior de la carpintería: es allí donde aparecen los colores, impactando nuevamente al visitante y brindando el contrapunto perfecto al proyecto. "Son como nuestros sentimientos, siempre mantenidos íntimamente".