Ubicado en un punto estratégico que constituye la conexión entre los seis ambientes de la exposición, el jardín de 100 m² es un entorno tranquilo, con piso drenante, fuentes de agua y rico en plantas tropicales (como el miniguaimbê, el híbrido guaimbê-do-brejo y el cipó- imbé ) dispuestos en camas organizadas en cajas metálicas. Todo para una experiencia relajante, completada con ricos muebles de aluminio, cuerdas náuticas y piedra natural. “El esencialismo es una premisa del proyecto, creado para estimular la conexión de los visitantes con la naturaleza y fomentar la introspección”, dice el paisajista.