Fernanda y Flávia Ogata presentan una sala de vinos de 91 m². Los arquitectos trabajaron con la información de que Goiânia es considerada la tercera ciudad en términos de consumo de vino por habitante. Por ello, diseñaron un espacio que combina la comodidad de estar en casa con la pasión por beber, en un ambiente para recibir amigos, crear recuerdos y disfrutar de una buena etiqueta. Para crear un ambiente íntimo y acogedor, se incluyeron en la paleta de colores tonos fríos, cuarcita de Kouros y muebles diseñados por Marcelo Ligieri y Roberta Banqueri. También se añadieron virutas de pino, un subproducto de la madera, al acabado de las paredes, con el objetivo de utilizar materiales infravalorados de una forma creativa e innovadora.