El arquitecto Rodolpho Schier reunió historias e inspiraciones multiculturales (como los palacios italianos y los proyectos de interiores de Lorenzo Mongiardino) para rescatar el valor de la emoción en la decoración. “El entorno es un manifiesto contra la funcionalidad racional, que deja los espacios como una sala de exposición”, afirma. En su debut en la exposición, en un espacio de 70 m², buscó crear un terroir único, resaltando el aspecto autoral de la composición. Un ejemplo es el detallado trabajo de marquetería en las encimeras de la cocina.