Lleno de la contagiosa energía de la música que llena sus recuerdos de infancia, el arquitecto Marcelo Salum rinde homenaje a la cultura africana en este proyecto. “Es un ritmo que me mueve”, dice. Desde los coloridos trajes de Carnaval hasta la alegría de los círculos de samba, retratados en un cuadro de Luiz Pasqualini, el espacio de 200 m² incorpora varias referencias. Los paneles de madera reproducen los símbolos Adinkra, creados por el pueblo Ashanti, de África Occidental, y los muebles diseñados por Marcelo y Frederico Cruz hacen referencia a los emblemas presentes en la obra del artista Rubem Valentim.