En la playa, en el campo o en un rincón de la ciudad. Casa Migrante podría estar en cualquier lugar, pero fue en uno de los rincones con más encanto de nuestro jardín donde nació. Llama la atención su arquitectura –un tanto modernista–, con una estructura metálica revestida exteriormente en piedra y un gran espacio interior –casi sin divisiones–. Allí destaca el panel de madera tejida que separa las zonas íntimas y sociales, y un enorme tragaluz en el dormitorio que transforma la luz del día y de la noche en un cuadro vívido.